De los pétalos al retrato

Julian Lee's Objetivo macro Tamron 90 mm F2,8 le ofrece nuevas formas de expresar su visión creativa.

Autor: Jenn Gidman
Imágenes: Julian Lee

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El objetivo macro Tamron 90 mm F2,8 de Julian Lee le ofrece nuevas formas de expresar su visión creativa.

Cuando el fotógrafo californiano Julian Lee cogió por primera vez una cámara en 2020, buscaba una salida creativa durante la incertidumbre de la pandemia. Pero como ya llevaba la fotografía en la sangre -su padre era fotógrafo de bodas-, no tardó en adentrarse en el oficio, desde la imagen de eventos hasta el retrato y la videografía.

Cuando Julian decidió que quería probar suerte con la macrofotografía, eligió la Tamron 90 mm F2,8 Di III Objetivo macro VXD M1:1 para experimentar, tanto para un conjunto de fotos florales en primer plano como para una serie de imágenes de sus retratos de siempre. Tanto si se trataba de aislar los delicados detalles de los pétalos de una flor como de captar la expresión de un sujeto al atardecer, el 90 mm F2,8, con su rápida abertura y su capacidad de ampliación 1:1, ofrecía unos resultados nítidos y fieles a la realidad que se ajustaban a la visión creativa de Julian.

"Me entusiasmaba la idea de experimentar con la macrofotografía, pero, para ser sincero, me daba aprensión usar el 90 mm F2,8 para retratos", admite Julian. "No estaba seguro de lo reactivo que sería, pero resultó que no tenía nada de qué preocuparme. Su nitidez, su ágil enfoque automático y su peso ligero, independientemente del tipo de imagen que estuviera fotografiando, me conquistaron."

Sigue leyendo para saber cómo utilizó Julian el objetivo macro Tamron 90 mm F2,8 para estas dos sesiones fotográficas tan diferentes.

Primeros planos florales
La primera vez que intenté hacer macrofotografía, monté un estudio improvisado en interiores con un pequeño pie de café y una luz colocada cerca de cada flor. También experimenté con distintos fondos, y descubrí que el negro era el que mejor funcionaba: daba más profundidad y contraste a los colores, haciéndolos resaltar como no lo harían sobre un fondo blanco.

Una flor de dalia rosa brillante sobre fondo negro.
90mm, F16, 1/30 seg., ISO 250

El objetivo macro de 90 mm F2,8 funcionó de maravilla aquí, permitiéndome acercarme lo suficiente para revelar las intrincadas texturas y detalles de cada flor. Como podía controlar la luz, me centré en cómo esa luz podía realzar o transformar el estado de ánimo de cada flor.

Primer plano de una flor amarilla violácea
90mm, F16, 1/100 seg., ISO 250

Para esa flor de aspecto puntiagudo, dispuse mi montaje de modo que la luz rozara la superficie de la flor, creando un resplandor mientras dejaba que la luz cayera en la sombra a medida que el ojo del espectador se movía hacia la izquierda. En el caso de la flor morada, intenté resaltar la profundidad y la forma de sus pétalos interiores, el "hoyo" que atrae al espectador. Mi objetivo era crear dimensión sin sobrecargar los delicados rasgos de las flores.

90mm, F16, 1/125 seg., ISO 250

Para los fotógrafos que intentan hacer macrofotografías florales como ésta por primera vez, mi consejo más importante es que presten mucha atención a la iluminación. En interiores, puedes controlar todas las variables, lo que es estupendo para este tipo de trabajo. En exteriores, sin embargo, la iluminación es más complicada, por lo que llevar una fuente de luz adicional o un reflector puede suponer una gran diferencia.

Retrato Poder

Cuando hago retratos, intento no seguir las tendencias ni dar un estilo excesivo a mis imágenes. Prefiero un enfoque naturalista y resaltar el entorno en el que estoy fotografiando para contar una historia más completa. Esa es una de las razones por las que el Tamron 90 mm F2,8 funciona tan bien para mis retratos: me ofrece nitidez con una distorsión mínima y me permite incluir lo suficiente del fondo para dar contexto. La distancia focal también me resulta muy cómoda, ya que suelo disparar con un objetivo de 85 mm para retratos. El cambio al 90 mm no me supuso ningún esfuerzo, pero me proporcionó una nueva perspectiva.

Para esta sesión en concreto, fotografié a mi hermano, que es violonchelista, cerca del río Los Ángeles al atardecer. Alrededor de la hora dorada, la luz se refleja en el hormigón de una forma muy cálida. Pensé que sería el escenario perfecto para un retrato relajado y natural.

Como mi hermano se siente bastante cómodo delante de una cámara, la sesión fluyó con facilidad, pero cuando trabajo con gente que no está acostumbrada a que la fotografíen, me empeño en hablar con ellos mientras disparo y les animo a que muevan un poco el cuerpo para que se relajen. Un consejo que siempre les doy es que se centren en la postura. Cuando la gente se siente cohibida, tiende a encorvarse o a meter los hombros hacia dentro. Les pido que levanten ligeramente el pecho y la barbilla. Ese simple ajuste marca una gran diferencia en la confianza y la franqueza con la que una persona aparece ante la cámara.

90mm, F4.0, 1/640 seg., ISO 100

Me gusta disparar ligeramente por debajo del nivel de los ojos, manteniendo la cámara a la altura del torso. De este modo, el sujeto adquiere una presencia más natural sin exagerar demasiado la perspectiva. Y, cuando es posible, intento incorporar elementos de la vida de la persona -como el violonchelo de mi hermano- al retrato. Cuando el sujeto se siente a gusto, la imagen es más auténtica". El objetivo Tamron 90 mm F2,8 me ayudó a captarlo de maravilla".

90mm, F4.0, 1/160 seg., ISO 100

Para ver más obras de Julian Lee, echa un vistazo a su sitio web y Instagram.

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